domingo 28 de agosto de 2011

ENTREVISTA A UN EMPRESARIO... EXITOSO

Entrevista en La Nueva España a un empresario ibiense con éxito, Manuel Méndez, de casa a Cancela de Folgoso.

MANUEL MÉNDEZ RIGUERAS POR CUCA ALONSO Gerente de la empresa Pan de Ibias

«Mi fórmula es muy vieja: trabajo, trabajo y trabajo; no me gustan las aventuras»

«En Ibias aún hay personas que al meter el pan en el horno se santiguan; es un alimento sagrado y yo lo respeto»

Gijón es su presente, pero Ibias es su origen y de él presume a diario en cada uno de los establecimientos de Pan de Ibias, la empresa a la que dedica todos sus esfuerzos Manuel Méndez Rigueras. Una madre panadera y un padre molinero le dieron las pautas de su futuro, aunque de pequeño soñase con estudiar un carrera desde un pueblo que, a veces, no tenía ni maestro. Soltero, vecino de Poniente y sportinguista, Méndez tiene claro que el éxito es trabajo, trabajo y trabajo.

El descubrimiento siguió sus pautas. Primero fue la apertura de un nuevo negocio, luego observamos en él colas de clientes y, por último, pudimos comprobar que la escena se repetía por toda la ciudad. Cinco establecimientos bajo el título de Pan de Ibias, y muy próxima la inauguración del sexto. En otros tiempos el hecho hubiera podido encajarse en la normalidad, pero, en el clima de crisis que nos enferma, la circunstancia roza lo milagroso. Surge la primera pregunta: ¿quién es el padre de la criatura? Manuel Méndez Rigueras, un hombre joven, razonable, que supo poner fe y entusiasmo en su empresa, sin perder de vista la calidad de la oferta.

-Por favor, defínase.

-Nací en Ibias en 1959; aunque soy vecino de Gijón desde hace 12 años, sigo enamorado de mi tierra. Me considero trabajador, constante y realista. Y creo que muy prudente y responsable. Estoy soltero, pero aún no he perdido la esperanza de encontrar la mujer definitiva.

-¿Dónde vive?

-Cerca de la playa de Poniente, en una zona tranquila con preciosas vistas. Me encanta ver el mar, sobre todo en el invierno.

-¿De pequeño qué quería ser?

-Pensaba en estudiar una carrera, pero viviendo en Ibias era difícil, ya que hubo épocas en que no teníamos ni maestro. Hoy las cosas han cambiado desde que se inauguró el Colegio Aurelio Menéndez, promovido por este ilustre jurista en el tiempo en que fue ministro de Educación. Así que trabajé desde muy joven, mi familia tenía casa de campo y molino de agua, y nunca faltaba donde echar una mano.

-¿Se adhiere usted al padrenuestro, al pedir danos hoy nuestro pan de cada día?

-Sí, es una buena costumbre. En Ibias aún hay personas que al meter el pan en el horno se santiguan. El pan es un alimento sagrado e histórico. Yo lo respeto, incluso le tengo cierta devoción.

-Y mojará usted pan en las salsas...

-En mi mesa es imprescindible. Y no digamos si se dispone del carro de un buen centollo.

-¿Lo ha ganado con el sudor de su frente?

-Sí, de un modo virtual y también literal, ya que en nuestro centro de operaciones en Porceyo hay unos inmensos hornos de leña capaces de cocer 350 hogazas de cada vez. Este pan, el de leña, es el que más me gusta.

-En medio de tanta crisis, ¿es consciente usted de haberse convertido en un fenómeno social?

-No hay nada extraordinario en mi carrera profesional. La fórmula es muy vieja: trabajo, trabajo y trabajo. Pero con cabeza; las aventuras no me gustan nada. Decía mi padre que si las cosas van medio bien, están bien del todo; por tanto me siento contento.

-Pero a punto de abrir la sexta tienda, algo tendrá el agua cuando la bendicen...

-Es muy simple. Elaboramos nuestros productos con la mejor materia prima, sin olvidar la tradición artesana, y siempre equilibrando la calidad con el precio.

-¿Hasta dónde llegan sus ambiciones? ¿Piensa traspasar fronteras en su política de expansión?

-No me marco metas, sólo deseo rendir el día a día, y Dios dirá. Soy ambicioso únicamente en lograr la satisfacción de mis clientes.

-¿Qué talento le gustaría añadir a su persona?

-Tocar bien la gaita. Hubo unos cursillos de aprendizaje en Ibias, pero no pude participar en ellos por motivos de trabajo. Y me encanta escuchar una buena tonada.

-¿Qué posee que sea para usted más querido?

-La parte que me toca del caserío de Ibias; soy el pequeño de siete hermanos. Allí se montó la primera panadería, de manera que lo consideramos el buque insignia de la familia. Y allí comenzó mi carrera empresarial.

-Con rumbo a Gijón...

-Antes, en Ibias, había observado que la gente ya no elaboraba el pan en su casa. Por otra parte, mi madre era una excelente panadera y repostera, y mi padre el molinero. Así que entre uno de mis hermanos y yo establecimos una panadería, Pan Cancela.

-¿Con qué medios?

-Una parte nos la financió la familia y otra la Caja de Ahorros. Nos fue bien, pero el mercado de Ibias era limitado. Pensé en Gijón. Mi hermano se quedó allí, y yo vine a Porceyo a montar la fábrica. Al principio trabajaba para las panaderías y la hostelería, y únicamente hacíamos pan de leña, pero la demanda del mercado fue creciendo. Un día decidí abrir mi propio establecimiento.

-¿Dónde?

-En la avenida del Llano. El segundo, en la avenida de la Constitución; el tercero, en la avenida de Schulz; el cuarto, en la calle Brasil, y el quinto, en la carretera de la Costa.

-¿Y el sexto?

-Estará situado en Magnus Blikstad.

-¿Por dónde se inclinan sus pasiones?

-Por el fútbol, sobre todo por el Sporting; soy socio. Y me gusta la pesca de río y la montaña.

-¿Y sus vicios?

-Son todos pequeños. Disfrutar de la vida... Soy ex fumador, me gusta el buen vino... Por cierto, el de Ibias es excelente. Salir de noche a tomar unas copas... La noche me encanta, quizá porque soy panadero.

-¿Qué le emociona?

-Vivir una buena jornada de pesca, mantener tertulia con amigos de verdad...

-¿Qué rechaza?

-La hipocresía y la mentira.

-Dígame una película, un libro, una mujer...

-«Atrápame si puedes», con Leonardo DiCaprio, dirigida por Steven Spielberg. Varios libros de Arturo Pérez-Reverte, y en cuanto a las mujeres, ahí me pierdo... Me gustan demasiadas.